Historia de una casa recuperada por un argentino en tierra española

Cuando el arquitecto argentino Gastón Quiroga desembarcó en 2009 en España acababa de explotar la crisis inmobiliaria más difícil de los últimos años. Conclusión: ni un empleo vinculado a la construcción. “Fue terrible. Repartí, en persona, casi mil curriculums y siempre escuchaba la misma frase: «Mal momento, amigo»”, recuerda ahora desde su recién estrenada oficina. Toca hablar de uno de sus proyectos, pero la memoria remonta hasta aquel inicio complicado.

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La recuperación incluyó un muro de ladrillo visto en la medianera de la casa y la boveda catalana en los techos que fue repicada y saneada.

“En ese panorama, decidí perfeccionarme en rehabilitación, algo que por cierto siempre me había gustado y que es lo contrario a la página en blanco: aquí hay condicionantes claros y la arquitectura pasa por no ser invasivo en cuanto el patrimonio histórico”, agrega. Precisamente, esas eran las premisas de este piso barcelonés que reformuló.

La propiedad, una primera planta, se acomoda en un edificio del año 1934 localizado en el barrio de Badal, muy cerca del Camp Nou. “Es un barrio clase media, en una buena ubicación, muy bien comunicado con el Metro, a sólo una estación de la estación de trenes de Barcelona Sants-Estació”, apunta el arquitecto.

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Al rediseñar la planta, el arquitecto dió prioridad a una distribución lineal del salón comedor, que tuviera apertura de la calle y al patio de escaleras, para conseguir ventilación cruzada.

El edificio había sido comprado por una promotora inmobiliaria que se encargaba de adquirir construcciones antiguas, rehabilitar los espacios comunes y vender las propiedades de forma individual. Eso había sucedido con varios departamentos, incluso el de la planta baja en el que Quiroga desarrollaba una reforma. Entonces, un día, suena el timbre.

“Estaba yo de visita de obra, cuando un señor golpea preguntando por el albañil”, cuenta el arquitecto. Quiroga se presentó y el hombre le explica que era el propietario del primer piso -que también estaba en obra- y que necesitaba ayuda para analizar si los trabajos emprendidos en su casa estaban bien planteados. Tenía miedo de que le cediera parte del techo.

Por su parte, el dormitorio principal se localizó de tal modo que tuviera apertura a la calle.

La especialización del arquitecto en restauraciones fue determinante para que el propietario le encomendara el proyecto. “La estructura horizontal era de vigas de hierro y bovedilla catalana, pero -al ser un edificio tan viejo- el tabique que funcionaba como “cortaluz” podría no resistir”, recuerda el argentino. Por eso, “primero realicé un peritaje sobre lo hecho, se reformuló el proyecto según la normativa vigente, se incorporó al proyecto el refuerzo estructural (que luego fue utilizado como elemento de diseño dejándolo a la vista), nos reunimos con la empresa constructura que decidió continuar los trabajos, pero bajo mi supervisión”, reconstruye.

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En ese momento, la planta del edificio estaba casi totalmente derribada. “El esquema original era de tres dormitorios pequeños y un comedor mínimo -explica Quiroga-. El mayor inconveniente que se presentaba era la ventilación y la apertura de espacios a sectores de luz, ya que los patios son chicos y la ubicación en primera planta impedían el acceso a la luz natural”.

Es por eso que el arquitecto dio prioridad a una distribución lineal del salón comedor, que tuviera apertura de la calle y al patio de escaleras, para conseguir ventilación cruzada, y que el dormitorio principal tuviera apertura a la calle. “La característica principal fue la de aprovechar al máximo los espacios. Prácticamente, fue jugar al tetris. Y además, buscamos recuperar al máximo elementos existentes: un muro de ladrillo visto, la bóveda catalana en los techos que fue repicada y saneada, las ventanas y las puertas interiores que se reubicaron”.

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Por su parte, la decoración fue pensada en base al presupuesto disponible: “El cliente tenía en claro los cuadros que quería utilizar y se optó por un interiorismo en tonos “apagados” de pintura y blancos, para dar vida a partir de las obras de arte y otros elementos”, apunta.

“La característica principal fue la de aprovechar al máximo los espacios. Practicamente, fue jugar al tetris”.

– ¿Cómo son los catalanes como clientes en comparación con los argentinos?
Si tuviera que generalizar, incluso a riesgo de incurrir en una equivocación, diría que generalmente no quieren mucha explicación de cómo se va a hacer el trabajo. En la Argentina, los clientes piden muchas más explicaciones lo que obliga al arquitecto a funcionar como una especie de docente del propietario para explicarle hasta los más mínimos detalles.

La decoración fue pensada en base al presupuesto disponible.

– Los arquitectos argentinos ¿tienen algún plus en España? ¿Y alguna contra?
El plus viene de la naturaleza de nuestro país: estamos habituados a resolver mil problemas de modo que quien se forma en aguas agitadas, en la piscina ¡vuela! Con respecto a alguna contra… bueno, hablamos demasiado y, entre tanto palabrería, suele escapársele alguna tontería.

 

Fotos: Gentileza arquitecto Gastón Quiroga

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