Por los tejados de Paris: un reciclaje en una caja de cristal

Los tejados de París están llenos de magia. Por eso, el estudio del arquitecto Vincent Parreira -Atelier Architecture Vincent Parreira AAVP- recibió con entusiasmo el proyecto de darle nueva vida a dos departamentos céntricos localizados, precisamente, en el remate de un antiguo edificio lleno de historia.

Las construcciones de estilo haussmanniano están habituadas a las transformaciones. De hecho, todo el entorno del barrio Opéra-Madeleine exhibe sucesivas modificaciones e incluso modas. De manera que el número 17 del Boulevard des Capucines no se sentía extraño con su propuesta de oficinas más modernas.

Apenas tres números más abajo, el estudio de Vincent Parreira venía de transformar un estudio de fotografía del siglo siglo XIX en confortables departamentos. Aunque las dimensiones eran mucho más modestas que la nueva superficie dedicada a las oficinas, esta intervención anterior en el barrio tiene una historia que contar. Los propietarios, dos hermanos, eran dueños de dos departamentos contiguos, que comparten la misma arquitectura y planta.

Ambos eran usados como propiedades de alquiler por períodos breves y se accede a ellos por las antiguas escaleras de servicio ya que los últimos pisos de los tradicionales edificios eran antiguamente habitados por las empleadas domésticas de las familias burguesas del Segundo Imperio que ocupaban las plantas inferiores. Esa memoria se conservaba aquí en el recorrido que era necesario desandar para llegar a ellos.

 

Cada uno de los departamentos ofrece una estructura de dúplex, con dormitorios y baños ubicados en la planta inferior, y la zona de recepción con el living y la cocina se acomodan en el nivel superior, bajo un techo de cristal de lo que había sido antes el estudio de un fotógrafo. A cada lado, una postal distinta de Paris: desde el living, la vista incluye el oro y el prestigio de la Ópera Garnier, y el diseño de las fachadas del Grand Hôtel; y desde la cocina, el paisaje caótico de París entre bastidores, sus tejados llenos de aparatos de aire acondicionado, tuberías y caños.

Según explica el estudio a través de un informe de Olivier Namias, el corazón de la reforma se enfocó en el reemplazo total del techo vidriado. “Un importante esfuerzo en términos de diseño, de seguimiento y de presupuesto”, asegura el arquitecto Parreira. La nueva superficie tiene exactamente las mismas dimensiones que la construida en 1899 y respeta la colocación de las piezas acristaladas hacia cada lado. A pesar de esta continuidad, la propuesta era claramente más contemporánea y esto complicaba la autorización de los organismos que velan por la identidad histórica de Paris. El inspector de Bâtiments de France podía objetar el doble acristalamiento, el sistema anti-intrusión, y la matriz ligeramente reflectante del vidrio.

Por otra parte, el antiguo estudio había sufrido un incendio que generó daños en la estructura del piso que también fue completamente reconstruido y cuya estructura también sirve como marco estructural y fachada.

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De este modo, el proyecto no solo era carísimo. Además, era delicado hallar a los técnicos indicados para desplegar tareas de tanta precisión. Pero el arquitecto Parreira estaba entusiasmado y no hubo vuelta atrás.

El proyecto desplegó situaciones nuevas previstas para uno o varios ocupantes simultáneos. Para eso, compuso espacios a través del uso de vidrio y espejos unidireccionales. “El acristalamiento ofrecía la posibilidad de dividir un área o ampliarla ocultando el desorden de un cuarto de baño”, explican.

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Además, el dormitorio está situado detrás de una pared transparente. Entonces, la intimidad se logra -no ya a través de una pared sino- con una cortina que dibuja sutiles sombras. “Hay, por supuesto, un juego teatral de aparición / desaparición, y la voluntad de poder siempre participar con todo el espacio”, define el arquitecto.

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Finalmente, la escalera original fue preservada y tratada como un objeto extravagante cuyo material y presencia estructural podían parecer un poco fuera de registro. Sin embargo, aporta un enlace singular entre los dos niveles del departamento abierto hacia el piso superior y más privado hacia abajo. “Sentado en un banco del salón, estás completamente atrapado por el cielo”, concluye Parreira y define a su proyecto como un lejano descendiente del apartamento Bisteigui, que Le Corbusier dotó con una habitación que tenía el cielo como techo.

Todas las fotos son de Luc Boegly

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