Arquitectura sustentable: amor y respeto por la tierra en Tafí del Valle

La posada y casa de campo Inti Watana se levanta a pocos minutos del centro de Tafí del Valle, Tucumán, entre el verde de los árboles y las siluetas de los cerros que abrazan el horizonte allá hacia donde se mire. Pensada como “maison d’hôtes” por sus propietarios, un matrimonio franco-argentino integrado por Fabienne y Juan, funciona tanto como el hogar de los propietarios como una casa de huéspedes para turistas.

Noventa palos de quebracho colorado y quebrachos blanco sostienen la estructura de la casa.

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Eso sí: una casa de huéspedes singular porque fue construida con materiales de la zona y es modelo de cuidado y amor por la tierra. Porque Inti Watana es, sobre todo, un verdadero rancho de montaña ecológico que fue edificado con los materiales tradicionales y naturales de la zona: desde el adobe y los árboles de quebracho, hasta la paja y los azulejos del siglo XVIII. “Nuestro planeta Tierra es único, tiene vida y su naturaleza tiene una estética incomparable.

En Inti Watana no falta la huerta orgánica, la generación de compost y plantas sin agroquímicos.

El hombre que hace parte de su gran biodiversidad tiene una forma de vida que provoca cambios sobre el clima en su ambiente natural, llamado influencia antropogénica. Si se continua viviendo de esta manera el calentamiento global tendrá consecuencias catastróficas sobre la biodiversidad con una eminente extensión”, consideran Juan y Fabienne. Por eso, tomaron la decisión de cambiar las cosas desde su propio hogar.

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Para la construcción usaron materiales reciclados de demoliciones de antiguas casas coloniales del centro de San Miguel de Tucumán.

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Conocimiento ancestral

Es así que esta construcción exhibe el conocimiento ancestral de la zona y un amoroso respeto por el planeta. Limitan al mínimo el uso de agua y la generación de carbono; fue construida con materiales naturales, reciclados y reciclables; se integra al paisaje, produciendo menos desechos y a la vez conservando los recursos naturales; propone un uso racional de los recursos naturales (agua, aire y suelo); evita la contaminación priorizando el uso de energías renovables; y alienta el consumo de artesanías, artículos, productos locales o regionales que permiten un impacto positivo en la comunidad. Tanto detalle, tanto conocimiento, nacen de dos personas singulares.

Fabienne nació en la ciudad camerunesa de Yaundé desde donde se mudó a Recife (Brasil), luego a Quito (Ecuador) y más tarde a Francia donde estudió en la celebérrima Universidad de la Sorbona. Por su parte, Juan es porteño de padres tucumanos y se formó en Francia como ingeniero y residió durante dos décadas en Grenoble. Esos caminos extraordinarios se cruzaron un día en Madrid y desde allí llegaron a Tafí del Valle que los adoptó con todas sus experiencias y sueños.

Los muebles provienen del comercio justo porque fueron comprados a los artesanos de los valles y están hechos de madera con tientos de cuero.

Tucumán se les presentaba como una hoja en blanco en la que integrar armoniosamente tanto conocimiento y tantas ideas sobre el cuidado del medioambiente. Por eso, cuando optaron por construir una casa de campo allí, supieron desde el inicio que usarían los materiales que les ofrecía la tierra desde siempre: paredes de adobe y techos de paja.

Para las paredes se utilizó adobe, material típico de las construcciones norteñas y que es, básicamente, un ladrillo de tierra cruda mezclada con paja y guano secada al sol.

Experiencias pasadas

“La ética, filosofía, pasión y amor por la naturaleza venían de nuestras experiencias pasadas e hicieron que lo lleváramos a cabo completándola con una infinidad de ideas y detalles. Finalmente inauguramos la posada en el verano 2009”, ha contado Fabienne, que agrega: “De ahí nació la primera idea de hacer de la casa de campo una Maison d`hôtes de charme, es decir, una casa de estilo tradicional donde los anfitriones están siempre (todo el año, sin interrupción) para recibir y atender a sus huéspedes”. Así nació Inti watana como un espacio que “brinda confort y un valor agregado para los curiosos: aprender, compartir, sorprenderse en vacaciones al entrar en comunión con la naturaleza, además, (volver a) aprender a cuidarla… sin dejar a un lado el bienestar físico y mental, el descanso que toda persona que viaja necesita y todo lo que el entorno, el valle ofrece para deslumbrarse”, según explican.

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