Cabaña de mar, con la memoria de los pescadores

Como en todo pueblo costero, Paternoster, en Western Cape, al oeste de Sudáfrica, se deja mecer por una vida serena en la que el mar es protagonista. Temprano, cuando el sol todavía no se desperezó, hombres de pieles curtidas por el agua salada se trepan a pequeños botes y salen a la pesca.

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En la arena, los esperan los afortunados citadinos que disfrutan de sus vacaciones y un enjambre de gaviotas locas que chillan de emoción cuando los ven regresar con las redes llenas de peces que brillan.

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Casi en el borde de ese caserío blanco, una propiedad perdida a manos de los dealers de droga. Hasta ahí llegaron el arquitecto Johann Slee y su esposa René buscando una casa de playa. “Era una vieja cabaña de pescadores destartalada pero con la vista más increíble del mundo”, recuerdan ahora.

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La primera vez que la visitaron, todas las ventanas estaban tapiadas en un intento de los antiguos propietarios por mantener fuera a los vándalos de toda calaña que la merodeaban. Pero esa realidad cambió sustancialmente.

Los Slee reformaron toda la planta, derribando paredes internas y ampliando los espacios sociales para disfrutar del paisaje y de las jornadas en familia. Además, se abrieron grandes ventanales donde antes solo había muros y se abrazó la propiedad con una galería de techos de paja y un cerco bajo y blanco. La cabaña presenta así tres habitaciones que miran hacia la playa, un gran espacio social y los sectores privados.

En cada rincón, la búsqueda fue la misma: conservar su carácter, su historia, sus vaivenes a lo largo del tiempo. Johann abordó los aspectos más arquitectónicos, mientras que René se encargó del interior. Para sumarse al conjunto, el matrimonio aplicó una capa de pintura blanca y reemplazó las persianas tan maltratadas por el aire marino.

El arquitecto diseñó un pequeño patio con celosías de goma para crear un amortiguador entre la calle y la puerta de entrada. Del otro lado, el que mira a la playa, las galerías. Johann instaló un sistema de poleas para crear pantallas flexibles que actúan como sombrillas pero que también puedan cerrarse por completo. Así, logran una verdadera habitación al aire libre, con sillas generosas y camas de día que invitan a disfrutar de la siesta a la sombra.

En los interiores, René se nutrió de diversas fuentes, todas importantes: las tiendas de antigüedades del pueblo, los muebles y objetos provenientes de sus familias, y algunas piezas compradas. El resultado es un estilo plural, que enfoca en materiales naturales y genera una inmediata sensación acogedora.

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