En Barcelona, cómo fue la transformación de un local a una casa llena de encanto

Un antiguo local comercial en la planta baja de una calle cualquiera del centro de Barcelona. Y una vivienda de esas de siempre, en la primera planta de esa misma calle. Dos elementos que, separados, pueden no tener encanto. Pero es entonces cuando llegan los arquitectos de RÄS studio y revolucionan las ideas para componer un juego de planos y de secretos que muestra lo mejor de una disciplina que no deja de recrearse.

“La Diana es el ejercicio de vincular visual, volumétrica y funcionalmente dos entidades independientes y ajenas entre ellas: un local comercial en planta baja y una vivienda en planta primera”, explican los arquitectos. Para eso, la estrategia se basó en perforar el forjado existente “creando un vacío suficientemente grande como para activar esta relación y donde se despliega la comunicación vertical a través de una escalera ligera tangente a la medianera existente”.

Esa escalera, etérea, que parece flotar, cose esos dos universos pensados para no relacionarse y que ahora componen una unidad a fuerza de más de dos metros de hierro oscuro. “La escalera -explican- se fragmenta en dos cuerpos para ofrecer una escala más humana en planta baja mediante una plataforma metálica y porosa a 2,20 m que hace de rellano intermedio y, a la vez, segmenta sala de estar–comedor y cocina”. “Al tratarse de una planta baja, el problema de la intimidad se resolvió reculando el cerramiento de fachada de acceso respecto la fachada existente generando un patio semi-exterior a modo de filtro entre calle y vivienda”, agregan los arquitectos responsables del proyecto: Clàudia Raurell, Joan Astallé, Marc Peiró.

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Ese juego de fachadas a las que suceden patios y otras fachadas, permite ir penetrando los espacios mientras el visitante se deja sorprender por el lenguaje, el juego de volúmenes, de luces y de sombras, de materiales diversos. Así, la primera planta presenta un doble espacio: los cerramientos perimetrales se resuelven con unos paquetes que incluyen armarios, puertas de acceso a las habitaciones y unas placas de vidrio que aportan luz natural desde las fachadas hacia el vacío de la escalera.

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Finalmente, la piel, la textura: “La materialización responde a la voluntad de recuperar y/o enfatizar la condición original de casa de payés tradicional. Se coloca una pieza de terracota natural a junta corrida como pavimento y se desnudan las paredes para exponer la obra de fábrica original con todos sus defectos y texturas”, completan los arquitectos. Y concluyen: “En planta primera, una cinta perimetral de revoco de mortero fratasado remata el contacto con las viguetas provocando una sensación de domesticidad controlada, de cómo la arquitectura busca reaccionar a la escala humana”.

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